Biogás, biometano y biofertilizantes: el nuevo ecosistema productivo del sur cordobés
Biogás, biometano y biofertilizantes impulsan la bioenergía en Río Cuarto
Biogás, biometano y biofertilizantes constituyen el eje del nuevo ecosistema productivo que se consolida en el sur de Córdoba, con Río Cuarto como epicentro. Empresas como Bioeléctrica amplían proyectos que combinan economía circular, tratamiento de residuos agroindustriales e inyección de energía renovable a la red.
De la planta pionera a una red regional
Lo que comenzó como una planta de biogás en 2015 se multiplicó: actualmente Bioeléctrica declara alrededor de 7 MW de potencia instalada en Río Cuarto, procesando el destilado fino de plantas de bioetanol y otros sustratos orgánicos de la región. Esa biomasa supera las 800 toneladas diarias de residuos agroindustriales y se transforma en electricidad, vapor, calor y, con las obras en marcha, en biometano para inyección a la red de gas.
Qué es el biometano y por qué importa
El biometano es un gas renovable obtenido a partir del upgrading del biogás (principalmente metano y dióxido de carbono) hasta alcanzar la composición y poder calorífico del gas natural. Energéticamente es equivalente al gas fósil, pero su origen renovable implica una huella de carbono muy inferior: al quemarse emite CO2 biogénico que ya formaba parte del ciclo del carbono, en lugar de agregar carbono nuevo a la atmósfera.
Aplicaciones concretas: transporte y sustitución de fósiles
La inyección de biometano a la red permite que flotas que usan GNC reduzcan significativamente sus emisiones. Según los promotores del proyecto, un camión que hoy funcione a diésel podría disminuir más del 80% de su huella de carbono si opera con GNC respaldado por biometano, lo que convierte esta tecnología en una alternativa realista para el transporte de cargas de larga distancia, donde la electrificación aún enfrenta limitaciones técnicas y económicas.
Proyectos y escala: más allá de Río Cuarto
Bioeléctrica ya desarrolló nueve plantas de biogás en Argentina y tiene otras cuatro en ingeniería en Santa Fe, San Luis, San Juan y Córdoba. Además, la compañía trabaja en proyectos que integran la producción de energía, el tratamiento de residuos y la elaboración de biofertilizantes comerciales. Dos ejemplos citados son Bioanglo, en Villa María, que procesa estiércol porcino y cultivos energéticos; y Ser Beef en San Luis, que planea producir 24 MW a partir de estiércol de feedlot con una puesta en marcha prevista para mediados de 2026.
Del digestato al biofertilizante
El digestato, residuo de la biodigestión, concentra macro y micronutrientes útiles para la agricultura (nitrógeno, fósforo, potasio). Bioeléctrica invierte en I+D para transformar ese subproducto en biofertilizantes de mayor densidad y valor comercial, mediante procesos físico-químicos y térmicos que faciliten su transporte y competitividad frente a fertilizantes minerales importados. Los biofertilizantes ofrecen ventajas agronómicas como mejor disponibilidad de nutrientes, aporte de materia orgánica y menor huella de carbono.
Impacto económico y desafíos regulatorios
El modelo combina beneficios ambientales con efectos económicos locales: generación de empleo, valorización de residuos, diversificación de ingresos para productores y potenciales ingresos por bonos de carbono. Sin embargo, para escalar hacen falta marcos regulatorios previsibles y esquemas de financiamiento adecuados. Los referentes del sector insisten en adaptar experiencias internacionales (Alemania, Francia) y en diseñar incentivos que permitan proyectos a mayor escala y con mayor certeza jurídica.
Internacionalización y servicios
Además de la instalación de plantas, Bioeléctrica ofrece ingeniería, consultoría y proyectos llave en mano. Su know-how técnico —con equipos multidisciplinarios que abarcan ingenierías química, mecánica, eléctrica, biotecnología e industria— también se exporta en forma de asistencia técnica a empresas y organismos de otros países.
Certificación y sostenibilidad
Desde 2025 la compañía obtuvo la certificación Empresa B, que reconoce estándares sociales, ambientales y de gobernanza. Esa certificación refuerza su posicionamiento como actor que busca reducir emisiones de metano y CO2, promover economía circular y producir insumos renovables con menor impacto ambiental.
Posibilidades de crecimiento
El potencial es amplio: integrar biogás, biometano y biofertilizantes permite transformar problemas de manejo de efluentes en oportunidades productivas. Para los sectores agroindustriales intensivos, convertir residuos en energía y subproductos de valor puede mejorar la competitividad y reducir costos ambientales. El gran desafío seguirá siendo consolidar financiamiento, marcos regulatorios y cadenas de valor locales que permitan replicar el modelo fuera de núcleos como Río Cuarto.
Fuente: La Voz
