Caputo frente al Fondo: revisión del acuerdo y metas externas en debate

Revisión del programa con el FMI: foco en reservas y cumplimiento externo
Entre fines de enero y comienzos de febrero, el ministro de Economía Luis Caputo deberá afrontar la revisión técnica del programa fiscal y externo con la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI). El eje de la evaluación será el frente externo: las metas de reservas netas y la sostenibilidad del régimen cambiario redefinido por el Banco Central.
Cómo llega la Argentina a la revisión
El principal argumento del Gobierno en la mesa con el FMI es el cumplimiento del objetivo fiscal: en 2025 la Argentina cerró con superávit primario por encima de lo pactado, según fuentes oficiales. En cambio, la acumulación de reservas del BCRA quedó por debajo de las metas definidas inicialmente, lo que obligó a tramitar dispensa (waiver) en revisiones previas.
Tras una primera modificación, la meta de reservas netas para fines de 2025 se relajó y pasó a un rojo de US$ 2.600, pero aún así no se alcanzó el objetivo, por lo que el Gobierno necesita una nueva aprobación de la misión para continuar con el programa en 2026.
El cambio en el esquema cambiario
Desde el 1 de enero, el BCRA ajusta el techo y el piso de sus bandas de flotación por inflación, lo que altera la dinámica previa del mercado cambiario. Además, quedó explícita la posibilidad de que el Central compre dólares en función del aumento de la demanda de dinero, una regla que fue consensuada con el FMI y anunciada públicamente por autoridades oficiales y del organismo.
Oficialmente, el gobierno proyecta que la re-monetización de la economía permitiría elevar la base monetaria hasta 4,8% del PBI en 2026 y habilitar compras de hasta US$ 10.000, con un escenario alternativo que podría llegar a US$ 17.000 si la demanda de dinero crece más rápido.
Dónde surgirán las discusiones técnicas
La misión que encabeza el FMI analizará varios puntos: las razones del incumplimiento previo en reservas, la calibración del nuevo régimen de bandas, las proyecciones de ingresos de dólares por IED y otras fuentes, y el grado de compromiso fiscal necesario para sostener una política monetaria más ajustada si fuera preciso.
Según informes de mercado, las entradas esperadas por IED vía RIGI podrían alcanzar US$ 8.000 en un escenario optimista. A esto se suman expectativas de emisiones privadas y aumentos de inversiones en cartera por hasta US$ 7.000, aunque esos números están sujetos a varios supuestos y condiciones internacionales.
Riesgos políticos y económicos
En lo político, la revisión llega en un contexto donde la credibilidad y la continuidad del programa son factores clave para atraer capital. En lo económico, si las entradas de dólares no alcanzan, el país enfrentará la decisión de relajar metas o ajustar el régimen cambiario hacia una flotación más flexible —una opción que las consultoras han mencionado como probable en escenarios adversos.
Además, un eventual aumento en la demanda de dinero que no se cubra con oferta de divisas puede traducirse en mayores tasas de interés locales para contener liquidez; eso incrementaría el costo de la deuda pública en pesos y tensionaría el equilibrio fiscal que hoy es el principal argumento oficial ante el FMI.
Qué pedirá el FMI y qué puede ofrecer Argentina
Fuentes oficiales indican que no esperan objeciones respecto del frente fiscal, siempre que se mantenga el resultado primario logrado en 2025. Por el lado del FMI, el foco técnico estará puesto en las proyecciones de reservas, la cadencia de compras del BCRA y la plausibilidad de los supuestos sobre IED y roll-over del Tesoro.
Argentina intentará mostrar un paquete coherente: disciplina fiscal, nueva arquitectura cambiaria con bandas indexadas por inflación, y señales para atraer capitales privados. La misión, en cambio, exigirá pruebas de que esas señales se traducen en flujos concretos y en un marco que reduzca la vulnerabilidad externa.
Escenario probable y próximos pasos
Si la misión reconoce que el rediseño cambiario y las proyecciones de remonetización son razonables, es probable que apruebe una nueva dispensa que permita seguir ejecutando el programa. Si, en cambio, persisten dudas sobre la oferta de dólares, podrían solicitarse condiciones adicionales o revisiones más frecuentes.
En cualquier caso, la negociación será clave para definir el grado de flexibilidad que el Gobierno tendrá en 2026 para manejar la política cambiaria y monetaria sin perder el ancla fiscal que hoy es su principal carta ante los acreedores y los mercados internacionales.
Fuentes: El Día
