Del mecánico que se fue a pescar al escrache y al registro de infieles: privacidad en la era digital

Una anécdota de los 80 y un fenómeno actual: la exposición de la vida íntima
La idea de un “registro de infieles” reaviva preguntas sobre privacidad, seguridad de datos y estigmatización pública. En un contexto donde las redes sociales amplifican lo privado, la viralización de listas o denuncias afecta a parejas y a la gestión emocional de los involucrados.
El relato que vuelve a circular —un mecánico de Río Tercero que dijo ir a pescar y apareció en la transmisión del sambódromo de Río de Janeiro— ilustra cómo antes los medios tradicionales podían revelar una infidelidad por accidente; hoy, las plataformas digitales multiplican esa exposición con efectos más rápidos y duraderos.
Del episodio local al contexto digital
La anécdota del mecánico riotercerense es un ejemplo clásico de cómo la imagen pública puede llegar a afectar la vida privada. Ocurrió en los años 80, cuando la televisión era el vehículo más potente de difusión: la esposa, viendo la transmisión del carnaval, reconoció a su pareja entre la multitud y la relación terminó. En la actualidad, esa posibilidad se replica con mayor frecuencia y velocidad a través de redes y aplicaciones.
En las últimas semanas se conoció la circulación de un supuesto “registro de infieles”, un listado que expone nombres y supuestos comportamientos íntimos. Ese tipo de prácticas abre un debate sobre la legalidad, la protección de datos personales y las consecuencias psicológicas y sociales para las personas incluidas en esas listas.
Plataformas, responsabilidad y riesgo psicológico
El caso pone en foco a plataformas de encuentros extramaritales como Gleeden, que se presenta como “una plataforma pensada por y para mujeres” y que, según su vocería, prioriza la protección de datos, la confidencialidad y el control del usuario. Desde allí advierten sobre los riesgos de transformar decisiones privadas en material viral y subrayan la importancia de contar con espacios digitales que garanticen anonimato y consentimiento.
Florencia Pollicita, sexóloga vinculada a Gleeden y citada en la cobertura, remarca la necesidad de abrir una conversación sobre los riesgos de la exposición pública y la importancia de la discreción en espacios digitales. Para especialistas en salud mental, la exhibición pública puede causar daño emocional, estigma y consecuencias sociales que superan la dimensión privada del conflicto de pareja.
La mediatización de la intimidad en casos públicos
El debate público también se alimenta de casos de alto perfil que se viralizan: la separación de figuras públicas o escándalos como el llamado “Wandagate” muestran cómo la exposición mediática transforma conflictos íntimos en debates morales y políticos. En esas situaciones, la población tiende a polarizar posiciones y a reproducir juicios que no siempre consideran las complejidades afectivas y legales en juego.
La estigmatización persiste en el imaginario social: aunque las encuestas y estudios sociológicos muestran que la infidelidad es una conducta extendida y transversal, la reacción pública suele inclinarse hacia la condena moral, más que hacia un abordaje que priorice la reparación emocional, la privacidad y el respeto a la ley.
¿Qué derechos y límites están en juego?
Desde la perspectiva legal y de protección de datos, un registro público que divulgue nombres y comportamientos íntimos puede chocar con normas sobre privacidad y tratamiento de datos personales, según especialistas consultados en coberturas similares. En la práctica, la plataforma o la persona que difunda ese tipo de listados puede enfrentar reclamos civiles o incluso acciones por daño moral, según el marco jurídico aplicable.
En lo ético, la difusión masiva de información íntima plantea preguntas sobre consentimiento, veracidad y proporcionalidad: ¿quién valida la información? ¿qué pruebas existen? ¿qué impacto tiene esa exposición en terceras personas, hijos o familiares? El castigo social no siempre se traduce en responsabilidad legal, pero sí genera consecuencias concretas en la vida cotidiana de las personas señaladas.
Una invitación al debate: límites asociados a la digitalización
El fenómeno refleja también cambios culturales: las fronteras entre lo público y lo privado se han volatizado en la era digital. Parte del debate consiste en preguntarse cómo construir normas y prácticas que preserven la intimidad sin naturalizar la impunidad de abusos. Las plataformas que operan con perfiles anónimos o encuentros paralelos sostienen que su responsabilidad pasa por crear entornos seguros y respetuosos, mientras que activistas por la protección de datos exigen marcos regulatorios más estrictos.
Para las parejas y las personas en general, el desafío es gestionar conflictos íntimos en un espacio que ya no es exclusivamente doméstico: la repercusión pública puede agravar el daño y dificultar procesos de diálogo o reparación. Por eso muchos expertos recomiendan priorizar estrategias de comunicación, límites claros y, cuando corresponde, recursos legales y de apoyo psicológico.
Contexto local: la anécdota del mecánico pertenece a Río Tercero, ciudad de la provincia de Córdoba que se volvió emblemática en este relato sobre exposición mediática antes de la era de internet.
Fuentes: Perfil
