Día 753: Milei entra en el ‘síndrome del tercer año’ y enfrenta riesgos políticos y económicos

El "síndrome del tercer año" describe el momento en que una presidencia de cuatro años se ve puesta a prueba: las decisiones de los dos primeros años chocan con la necesidad de mostrar resultados en actividad, empleo y bienestar. En el inicio de su tercer año, Javier Milei encara ese desafío con indicadores económicos, conflictos sociales y tensiones internas que pueden erosionar su base.
Qué es el “síndrome del tercer año”
No es un término científico sino una categoría histórica y política: suele coincidir con el punto donde la gestión debe transformar medidas de ajuste y estabilización en mejoras tangibles para la población. En Argentina, la dinámica de mandatos cuatroañistas y crisis recurrentes refuerza esa tensión: la caída de la aprobación en el tercer año fue un patrón en casos como Fernando de la Rúa, Mauricio Macri y Alberto Fernández.
Contexto reciente y apoyos externos
En el segundo año del Gobierno, fondos externos y apoyos internacionales ayudaron a estabilizar variables críticas: según la crónica, un préstamo del FMI y una transferencia desde el Tesoro estadounidense permitieron reforzar reservas y frenar corridas cambiarias en momentos clave. Esos auxilios tuvieron también un efecto político inmediato, condicionados por el calendario electoral.
Perfiles públicos y encuestas
La brújula pública mantiene tensión: una encuesta reciente de Poliarquía citada en el análisis muestra que el 42% evalúa positivamente los dos primeros años de gestión y que el 50% cree que 2026 será un año mejor; un 41% declararía apoyar una reelección en 2027. Otros números reflejan moderación y fragilidad: la aprobación llegó a 54% tras las elecciones, con 44% de rechazo, cifras lejos de la estabilidad absoluta.
Riesgos económicos y sociales
El desafío central es convertir la estabilidad macro en crecimiento, empleo y consumo. El análisis subraya un trilema: sostener ajuste fiscal y desinflación sin destruir la demanda interna. En el frente financiero, la gestión aún enfrenta restricciones de acceso al crédito internacional y volatilidad cambiaria. Además, el ajuste impactó en empleo público: entre diciembre de 2023 y noviembre de 2025 se registró una reducción cercana a 60.000 puestos, según datos oficiales mencionados en el texto original.
Frentes de conflicto
La reforma laboral anunciada para 2026 es un eje de disputa: la CGT, tras abrir canales de diálogo, considera que el proyecto queda corto respecto de sus demandas y ya activó una movilización a Plaza de Mayo; no se descarta un paro general. Las universidades también constituyen un foco de tensión: el Presupuesto 2026 aprobado reduce recursos para la educación superior en términos reales en 33,8% respecto a 2023 y deja la inversión en un nivel cercano a 0,47% del PBI, eliminando además el piso de financiamiento protegido por ley.
Fortalezas y debilidades políticas
Milei llega al tercer año con ventajas políticas: amplió su base legislativa y se perfila con mayor estabilidad que en su inicio. Sin embargo, los principales riesgos provienen de errores propios y del desgaste interno: escándalos, fricciones en el oficialismo y decisiones que no traduzcan las expectativas ciudadanas en mejoras concretas podrían acelerar el desgaste del capital político.
Conclusión
El tercer año marca una prueba de fuego para la administración: las encuestas muestran que la sociedad todavía ofrece margen de confianza, pero la paciencia es limitada. Si la estabilidad macro no se transforma en más empleo, inversión y servicios públicos, la gestión afrontará la escalada del conflicto social y una erosión más rápida de su apoyo, tal como muestran ejemplos locales e internacionales.
Fuente: Perfil
