El canto del coyuyo: señales del verano y del estado del ambiente en Tucumán

Qué revelan el canto y la aparición de los coyuyos sobre el clima y el entorno
El canto del coyuyo (Quesada gigas) es una marca sonora del inicio del verano en regiones del noroeste argentino, especialmente en partes de Tucumán. Para los especialistas, la presencia y el patrón del canto están ligados a la reproducción de la especie y a variables climáticas como temperatura y humedad; por eso su observación sirve como bioindicador de condiciones ambientales y, en algunos casos, anticipa golpes de calor.
Cómo funciona el canto y por qué importa
El canto es, fundamentalmente, una conducta reproductiva: los machos vocalizan para atraer a las hembras y en esa interacción las hembras eligen señales acústicas más fuertes o complejas. El biólogo Eduardo Mendoza, de la Fundación Miguel Lillo, explica que el canto suele ser vespertino y nocturno, aunque en días de temperaturas extremas puede adelantarse a la mañana. Esa variación horaria coincide con olas de calor y se utiliza en modelos bioestadísticos para anticipar temperaturas altas.
Patrones detectados en la última década
Los registros de campo de Mendoza y otros equipos muestran una tendencia a la anticipación del inicio del canto: en Tucumán, en los últimos años el canto comenzó a escucharse en noviembre, antes de lo que históricamente ocurría. Además, en años especialmente cálidos el canto se extendió más tiempo en la temporada, incluso hasta mediados de febrero en registros recientes. Para la ciencia, esos cambios no son anécdota: reflejan la respuesta de la especie a variaciones en temperatura, humedad y disponibilidad de recursos.
Ciclo de vida y ecología
Los coyuyos desarrollan un ciclo de vida largo bajo tierra: las etapas ninfales pueden durar entre 14 y 17 años, y la fase adulta, que es la que canta y dura pocos días, se concentra en la reproducción. Durante la vida bajo tierra, las ninfas se alimentan de fotosintatos absorbidos de las raíces de árboles hospederos; los adultos, en cambio, suelen no alimentarse y destinan su breve existencia a aparearse.
Hábitats y amenazas
La especie se asocia a ecosistemas del Chaco Semiárido y la selva pedemontana, presentes en provincias como Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, Tucumán, Salta y Jujuy. En Tucumán, árboles como la tipa, el cebil, los algarrobos y el mistol son sitios habituales donde los coyuyos emergen y realizan la muda. La principal amenaza para estas poblaciones es la pérdida de hábitat por desmontes y emprendimientos urbanos; la tala selectiva y la fragmentación reducen los árboles disponibles y, por tanto, las posibilidades de desarrollo de la especie.
Coyuyos como bioindicadores
El canto del coyuyo puede usarse como indicador de ambientes con menor contaminación y mayor integridad ecológica. Las observaciones locales —por ejemplo en el Parque Botánico de la Fundación Miguel Lillo, el parque Percy Hill o sectores rurales como El Cadillal— permiten construir series temporales que ayudan a relacionar la aparición del canto con variables climáticas y con cambios en el uso del suelo.
Recomendaciones para observarlos
Para quienes quieran escuchar y estudiar coyuyos sin molestarlos: lo aconsejable es observarlos desde la distancia, preferentemente con registros sonoros y nocturnos que no interfieran en su comportamiento. Desde el punto de vista científico, la recolección sistemática de cantos puede alimentar modelos predictivos útiles para anticipar olas de calor, caídas de granizo o eventos climáticos extremos relacionados con la dinámica estacional.
Fuentes: La Gaceta
