Viernes, 19 Diciembre 2025
Crisis de salud mental y protección infantil en Argentina

El porvenir de la infancia: desafíos para la salud mental y la protección

Un balance de fin de año que aborda la crisis de la salud mental infantil y la protección de niñas, niños y adolescentes: aumentaron las consultas por crisis, intentos de suicidio y autolesiones, mientras la respuesta institucional mostró vacíos; la sociedad civil y redes comunitarias se multiplicaron como sostén.
Ilustración sobre infancia y salud mental
Ilustración sobre infancia y salud mental

Balance 2025: salud mental infantil, violencia y redes de cuidado

La salud mental infantil y la protección de niñas, niños y adolescentes se consolidaron en 2025 como problemas estructurales: consultas por crisis emocionales, intentos de suicidio y autolesiones aumentaron en hospitales y dispositivos comunitarios, mientras las respuestas institucionales llegaron tarde o resultaron fragmentadas. Al mismo tiempo, surgieron prácticas de cuidado comunitario que sostuvieron a muchas infancias allí donde el sistema no llegó.


Escenario clínico y dinámicas de violencia

Los equipos de salud mental describen un aumento sostenido de internaciones por intentos de suicidio, intoxicaciones, crisis impulsivas y cuadros depresivos severos. Las autolesiones aparecen cada vez más temprano como formas precarias de regulación del dolor. La violencia sexual contra la infancia sigue siendo una de las más silenciadas y deja marcas profundas en la salud psíquica: síntomas de ansiedad extrema, disociación, trastornos del sueño y alteraciones en la alimentación son consultas frecuentes.

El maltrato cotidiano —físico y, sobre todo, psicológico— se mantiene extendido y, con frecuencia, legitimado. Gritos, humillaciones, amenazas e indiferencia suelen no dejar huellas visibles, pero erosionan la construcción psíquica a lo largo del tiempo. Según la reflexión de la autora Sonia Almada, este desgaste no ocurre de golpe: es el resultado de años de desmentida, abandono y falta de decisiones políticas y sociales.


Condiciones sociales: pobreza y exposición digital

La pobreza infantil aparece como telón de fondo: más de la mitad de las niñas y niños en Argentina viven en hogares pobres, con dificultades para acceder de forma sostenida a alimentación, vivienda digna y servicios. Ese contexto multiplica la vulnerabilidad ante la violencia y limita las opciones de recuperación.

Otro factor contemporáneo es la exposición digital: apuestas online, sexualización temprana, grooming y captación a través de plataformas, a veces vinculadas a circuitos de explotación. El acceso continuo a contenidos sin mediación adulta transforma los problemas que antes se circunscribían a la escuela o la familia en situaciones 24/7, ampliando el daño y dificultando la contención.


Respuesta institucional: vacíos y simulacros

Las respuestas estatales mostraron limitaciones durante 2025. Protocolos y discursos no siempre se tradujeron en políticas efectivas. El proceso del concurso público para la Defensoría de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes fue señalado por la autora como un ejemplo de escenografía institucional: presentado como riguroso, hubiera operado en los hechos como simulacro, con terna definida de antemano y el trámite frenado en el Senado.

Asimismo, Almada advierte sobre prácticas que, bajo el lenguaje de los derechos humanos, instrumentalizan testimonios y sufrimiento infantil para obtener financiamiento o visibilidad, sin reparar ni promover procesos de recuperación reales. Estas dinámicas erosionan la confianza de las familias y de las y los sobrevivientes.


Los equipos y las redes que sostienen

Frente a esos vacíos, emergen miles de trabajadores y trabajadoras sociales, profesionales de la salud, educadores, organizaciones comunitarias y voluntarios que sostienen la contención cotidiana. Ejemplos citados por la autora incluyen la asociación civil Aralma —fundada por Sonia Almada en 2003 y dedicada a acciones para la erradicación de violencias hacia infancias y juventudes— y campañas solidarias como “Un juguete, un abrazo”, iniciativas comunitarias en hospitales o el trabajo de abogadas y fiscales en provincias como Chaco con símbolos de protección infantil como el muñeco Lile.

Esas acciones no reemplazan las políticas públicas necesarias, pero muestran que la protección efectiva combina presencia, tiempo, acompañamiento y estrategias locales sostenidas. Son, en palabras de la autora, “ángeles sin alas” que actúan en la cotidianeidad.


Qué falta: políticas integradas y financiamiento

La autora plantea la necesidad de políticas integradas que articulen salud, educación, protección y asistencia social, con financiamiento sostenido y mecanismos de evaluación. Señala además que las medidas parciales o las soluciones simbólicas no bastan para detener procesos acumulativos de daño en la salud mental infantil.

Entre las prioridades señaladas por especialistas y equipos de campo se incluyen: fortalecimiento de la atención comunitaria en salud mental, capacitación docente en identificación y contención de riesgos, protocolos efectivos y articulados entre juzgados, servicios locales y hospitales, acceso garantizado a cuidados parentales o sustitutos de calidad, y politicas públicas de prevención de la pobreza infantil.


Una invitación ética

La columna concluye con una reflexión ética: frente a la decepción por las instituciones y la política, continúa existiendo una decisión colectiva y militante de proteger a la infancia. Esa persistencia, nacida en hospitales, escuelas, organizaciones y barrios, resiste la indiferencia y permite sostener procesos de reparación y cuidado. La autora se vuelva a ilusionar con la posibilidad de una infancia sin violencia, entendiendo la ilusión como acto compartido y no como promesa vacía.


Sobre la autora: Sonia Almada es licenciada en Psicología (UBA), magíster internacional en Derechos Humanos para la mujer y el niño (UNESCO) y fundadora de la asociación civil Aralma. Es autora de varios libros sobre infancia y violencia.

Fuentes: Infobae