La disputa cognitiva del mileísmo: memoria, género y salud pública

Un enfoque sobre símbolos, políticas y afectos
A dos años de la gestión de Javier Milei, la disputa cognitiva y la "batalla cultural" se manifiestan en decisiones que combinan medidas institucionales con gestos simbólicos. Milei y su coalición reconfiguraron narrativas públicas sobre memoria, género, salud pública y Estado, un proceso que busca naturalizar desigualdades y recolocar la mirada ciudadana frente al otro.
Qué se entiende por "batalla cultural"
El concepto alude a esfuerzos deliberados por moldear sensibilidades colectivas: no alcanza con cambiar leyes, también es necesario intervenir sobre el lenguaje, las prioridades morales y las sensibilidades. En este caso, el proyecto libertario combina desregulación económica con una pedagogía política que construye enemigos internos y relativiza daños estructurales.
Memoria histórica y simbolismos
Uno de los ejes destacados es la relectura de hechos históricos y la resignificación de fechas y figuras. La relativización de los crímenes de la última dictadura y la reivindicación de episodios coloniales —por ejemplo, renombrar el 12 de octubre como "día de la raza" o reivindicar a Cristóbal Colón— implican un desplazamiento del pacto público que reconoce el sufrimiento colectivo. Ese desplazamiento no es solo semántico: desmonta fundamentos de políticas de reparación y educación cívica que sostienen un consenso republicano.
Género, sexualidad y políticas públicas
Las decisiones institucionales —cierre del Ministerio de las Mujeres, recortes en programas contra la violencia, y debilitamiento de la Educación Sexual Integral— muestran una intención de recentrar la regulación social en la familia, la iglesia y el mercado. Sectores religiosos y conservadores encontraron en el Ejecutivo un aliado para desafiar derechos ya consolidados, como la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y las políticas de ampliación de derechos para identidades trans. Ese proceso no sólo afecta el acceso y la protección efectiva de personas vulnerables, sino que reconfigura lo que se considera legítimo en la esfera pública.
Salud pública: confianza y control
En salud, el giro discursivo hacia la llamada "libertad" incluyó guiños a posturas antivacunas y a relativizar controles regulatorios. La debilitación de organismos de control, sumada a recortes en programas preventivos, coincide con una caída de coberturas de vacunación infantil y con riesgos crecientes asociados a sustancias adulteradas —como la crisis por fentanilo en otras regiones— que muestran el costo humano cuando el Estado se retira de su función de regulación y protección.
Política exterior y señales morales
En foros internacionales Argentina modificó su posición sobre resoluciones vinculadas a violencia de género, pueblos indígenas, tortura y compromisos climáticos. Votar en contra de acuerdos que buscan reducir sufrimiento humano no es un gesto neutro: comunica una concepción reducida de obligaciones internacionales y del papel del Estado en la protección de derechos.
Erosión del Estado social y efectos concretos
El vaciamiento de programas alimentarios, la reducción de comedores y el hostigamiento a organizaciones territoriales reordenan la supervivencia según lógicas de mercado. La estigmatización de la solidaridad y la criminalización de la pobreza transforman problemas colectivos en esfuerzos individuales, con efectos concretos sobre el acceso a la alimentación, la educación y la salud de los sectores más vulnerables.
Ciencia, educación y cultura: menos herramientas para interpretar la época
Recortes en universidades, organismos de investigación y espacios culturales reducen la capacidad colectiva para procesar y narrar la realidad. Menos inversión en investigación y formación pública no sólo afecta producción científica: empobrece las palabras y marcos disponibles para comprender conflictos sociales y traumas históricos, facilitando la disciplinación ideológica.
Cómo reconstruir un "nosotros"
La pregunta política central es cómo recomponer vínculos sociales cuando el Estado desalienta su existencia. Reconstruir un "nosotros" exige no solo reparar instituciones, sino recuperar marcos de reconocimiento: memoria compartida, políticas públicas que protejan cuerpos y proyectos colectivos de solidaridad. Esto implica medidas concretas —reactivar programas de salud y educación, reponer organismos de control, fortalecer la enseñanza de la historia reciente— y una disputa cultural que privilegie la empatía y la evidencia sobre la hostilidad.
En síntesis, la disputa no es solo cultural: es cognitiva. Actúa sobre la forma en que vemos al otro, sobre la priorización del sufrimiento y sobre las capacidades institucionales para prevenir y reparar daños. Recuperar esa mirada exige políticas públicas que vuelvan a hacer visible aquello que hoy se pretende naturalizar como destino.
Fuente: Perfil
