La nueva democracia argentina: qué revela el surgimiento de Javier Milei
Repensar representación y conflicto político
El fenómeno político que representó la irrupción de Javier Milei es, según varias lecturas académicas, un síntoma de déficits de representación más que una anomalía aislada. Desde esa perspectiva, la aparición de nuevas energías políticas obliga a revisar cómo funcionan los partidos, las mediaciones políticas y la capacidad democrática para transformar el desacuerdo en opciones electorales claras.
Teorías que ayudan a interpretar el momento
Giovanni Sartori, politólogo italiano, sostuvo que la democracia no se define por la ausencia de conflicto sino por su capacidad para organizarlo. En su obra advierte que cuando los partidos dejan de ser mediadores efectivos y las opciones políticas se vuelven intercambiables, la competencia pierde sentido y la democracia entra en una zona de riesgo. Esa lectura resulta útil para entender por qué emergen figuras que prometen ruptura: amplifican demandas que sienten no representadas.
Joseph Schumpeter, por su parte, definió la democracia como un mecanismo competitivo para elegir gobernantes más que como la realización de un bien común. Desde su enfoque, el valor central es la existencia de competencia política efectiva entre proyectos distintos; en ese marco, la renovación del espacio de competencia puede fortalecer la democracia si se traduce en instituciones y reglas claras.
Chantal Mouffe introdujo la idea de una dimensión agonística de la política: una democracia sana necesita un “nosotros” y un “ellos” que compitan dentro de normas compartidas. La conclusión es que la reactivación del conflicto no necesariamente amenaza a la democracia siempre que se institucionalice y se convierta en competencia regulada.
Del impacto mediático a la consolidación institucional
Toda experiencia política disruptiva enfrenta un segundo momento: convertir adhesión personal en estructuras duraderas. Ese paso implica dotar de reglas, mediaciones y previsibilidad a lo que inicialmente es un movimiento centrado en un liderazgo. La clave no es desactivar la intensidad política, sino integrarla en formas que permitan representación estable y rendición de cuentas.
Qué exige la democracia para no quedar a merced de liderazgos
Según las lecturas citadas, una democracia saludable exige: partidos que medien demandas sociales, mecanismos institucionales que traduzcan apoyo electoral en representación efectiva y controles que preserven la pluralidad. El desafío consiste en transformar movilización y descontento en alternativas políticas institucionalizadas, sin erosionar libertades ni pluralidad.
Posibilidades de transformación
El surgimiento de nuevas fuerzas abre oportunidades para renovar prácticas partidarias y crear canales de representación que antes estaban tapados por estructuras cerradas. Reformas internas en partidos, cambios en reglas de financiamiento o mecanismos de participación ciudadana pueden ser respuestas que permitan canalizar la energía política sin fracturar las reglas del juego democrático.
Riesgos y límites
Entre los riesgos están la personalización extrema de la política, la erosión de contrapesos institucionales y la simplificación de debates complejos en consignas polarizadoras. Para evitar esos desenlaces se requiere fortalecer instituciones independientes, tribunales, medios y espacios de deliberación que preserven el pluralismo y la competencia leal.
Una invitación a institucionalizar la disputa
El desafío principal que deja el momento político argentino no es apagar la intensidad, sino institucionalizarla: convertir liderazgos en proyectos con estructuras, transformar movilización en representación duradera y garantizar que la competencia política siga siendo la vía para elegir gobernantes. Como advertía Sartori, defender la democracia implica permitirle cumplir su función esencial: ofrecer alternativas reales a ciudadanos reales.
Fuente: Infobae - Opinión
