Las “hormigas argentinas” avanzan hacia territorios inesperados, según un estudio del Conicet

Una especie invasora que aprovecha el ambiente humano
Las hormigas argentinas (Linepithema humile) siguen expandiéndose y ahora colonizan áreas que antes parecían inaccesibles, incluidos núcleos urbanos en zonas frías como Bariloche. Un trabajo de investigación del Conicet publicado en la revista Diversity analiza esa expansión y apunta a la intervención humana como factor clave.
La especie, nativa de la región pampeana, comenzó su dispersión global alrededor de 1890 escondida en buques, en panes de tierra de plantas y en contenedores de carga. Hoy está presente en todos los continentes salvo la Antártida y, en la Argentina, amplía su presencia hacia el sudoeste aprovechando hábitats ligados a la actividad humana.
Hallazgos en Bariloche y otros sitios patagónicos
El hallazgo más llamativo se registró en 2019 en el centro de Bariloche, donde se encontraron largos senderos de estas hormigas en una vereda. Ese registro llamó la atención por el clima adverso: frío y aridez que, en principio, limitarían la presencia de una especie de origen templado.
Según Luis Calcaterra, investigador del Conicet en el Instituto de Biodiversidad y Biología Experimental y Aplicada (IBBEA), la expansión al sudoeste no ocurre en hábitats naturales, sino en ambientes creados o modificados por los humanos: ciudades, barrios, cultivos y viñedos. Esos microhábitats ofrecen temperaturas y humedad más estables, refugio y recursos alimentarios.
Por qué prosperan en entornos artificiales
La capacidad invasora de Linepithema humile se explica por varios factores combinados: la formación de colonias enormes con múltiples reinas, cooperación entre grupos y la habilidad para encontrar y explotar refugios generados por la actividad humana. En exteriores fríos o secos la especie tiene dificultades, pero dentro de viviendas, galpones o ambientes protegidos prospera.
Además, su relación con otros insectos agrava problemas agrícolas. Las hormigas protegen y transportan cochinillas y ácaros, como la cochinilla harinosa, que pueden transmitir virus a cultivos como la vid. Esa alianza facilita la proliferación de plagas que dañan viñedos y cítricos, por ejemplo.
Impacto en la agricultura y en los ecosistemas locales
En regiones con producción frutícola y vitícola, la presencia de estas hormigas puede aumentar la incidencia de plagas asociadas y, por ende, los daños económicos. Los investigadores subrayan que el principal problema no es la presencia de la hormiga en sí (no pican ni provocan alergias graves), sino sus interacciones biológicas que favorecen la multiplicación de organismos dañinos para los cultivos.
El estudio sugiere que la expansión está ligada a patrones de asentamiento humano: la creación de invernaderos, cultivos protegidos, parques urbanos y la importación de plantas contribuyen a crear corredores de invasión que permiten a la especie avanzar hacia regiones más frías.
Qué hacer y recomendaciones científicas
El control de especies invasoras como Linepithema humile requiere estrategias integradas: monitoreo temprano, manejo de basura y residuos que ofrezcan alimento, control de plantas y sustratos importados, y medidas específicas en viñedos y huertas. Los investigadores recomiendan coordinar acciones entre productores, municipios y equipos técnicos para limitar la instalación en nuevos puntos críticos.
La educación pública sobre prácticas de manejo en viveros y el transporte de material vegetal también figura como una herramienta preventiva. En el caso de la producción agrícola, las estrategias de control biológico y manejo integrado de plagas deben contemplar el rol de las hormigas como facilitadoras de cochinillas y otros insectos.
Fuentes: El Día
