Litio al rojo vivo y cobre en la largada: la ventana que Argentina no quiere perder

Un momento bisagra para la minería argentina
La producción de litio, las expectativas sobre el cobre y el flujo de inversiones son los ejes que definen hoy la agenda minera argentina. En 2024 la producción de litio creció 109% interanual hasta 96.000 toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE), mientras las exportaciones mineras alcanzaron U$S 4.674 millones, según los datos publicados. Estas cifras obligan a pensar no solo en explotación, sino en infraestructura, reglas claras y encadenamientos industriales para aprovechar la demanda global por minerales críticos.
Litio: de promesa a motor productivo
Argentina concentra cerca del 20% de los recursos globales de litio y forma parte del llamado Triángulo del Litio junto con Bolivia y Chile. El salto productivo de 2024 —96.000 t LCE y 109% de crecimiento respecto al año anterior— ubicó al país como el octavo productor mundial y atrajo inversiones: en exploración de litio Argentina fue el cuarto destino mundial con U$S 127 millones en 2024.
A pesar de ese dinamismo, la relación reservas/recursos en el país es de apenas 17%, muy por debajo de Chile (85%) o Australia (79%), lo que indica que buena parte del potencial aún está en etapas tempranas de evaluación y desarrollo. El mercado internacional, donde China concentra más de la mitad de la demanda, mostró un crecimiento de la demanda global de litio de 920.000 a 1.098.000 t LCE entre 2023 y 2024; las proyecciones privadas y públicas esperan nuevos saltos en 2025 y 2026.
Fuente: cálculo sobre dato oficial (producción 2024 y crecimiento interanual), periodo: 2023-2024
El efecto en las exportaciones y la canasta minera
El último reporte de Economía & Energía muestra que las exportaciones mineras pasaron de U$S 3.248 millones en 2019 a U$S 4.674 millones en 2024, equivalente al 5,9% del total argentino. El oro sigue siendo la principal fuente de divisas (U$S 3.141 millones), pero el litio ya modificó la canasta: desde 2021 disputa el segundo puesto con la plata y la superó en 2022 y 2023.
La caída de precios registrada entre 2023 y 2025 —por la sobreoferta mundial— no invalida la expectativa de recuperación parcial en 2026. Los analistas coinciden en que la demanda de baterías seguirá siendo el principal motor, aunque la volatilidad de precios enfatiza la necesidad de políticas que promuevan valor agregado local (refinación, cátodos, fábricas de baterías) y cadenas de suministro estables.
Cobre: la gran asignatura pendiente
El cobre aparece como la gran promesa pendiente. Argentina cuenta con 116 millones de toneladas de recursos, pero aún no produce cobre a escala industrial comparable con Chile o Perú. En el país avanzan proyectos de gran envergadura como Josemaría (en construcción), Filo del Sol, Taca Taca, Los Azules, Agua Rica y El Pachón, que concentrarán la atención de inversores y gobiernos si logran superar los desafíos técnicos, ambientales y financieros.
A escala global, el cobre es esencial para la transición energética: redes eléctricas, energías renovables y electrificación del transporte explican la creciente demanda. China demanda cerca del 50% del cobre mundial y países como India aportan un crecimiento adicional sostenido. La tensión entre demanda creciente y entrada lenta de nueva oferta hace que los precios mantengan soportes por encima de su promedio histórico, según consultoras y organismos técnicos.
Retos estructurales: de los recursos a la producción sostenida
Convertir recursos en reservas y proyectos en producción requiere resolver varios cuellos de botella:
- Marco regulatorio y predictibilidad fiscal para atraer inversiones a largo plazo.
- Infraestructura: energía, transporte por caminos y ferrocarriles, puertos y logística de insumos y productos.
- Capacidad técnico-financiera para desarrollar proyectos de gran escala y gestionar impactos ambientales y sociales.
- Políticas de encadenamiento productivo que impulsen la industrialización local y eviten la mera exportación de concentrados.
En la actualidad, Argentina tiene 26 proyectos mineros en operación y 13 grandes iniciativas —mayoritariamente de litio y cobre— que buscan ingresar al Registro de Inversiones en Geología e Industria (RIGI). Esa ventana puede transformarse en una oportunidad histórica si se acompasa la política pública con inversiones, formación de mano de obra y participación de las comunidades afectadas.
Qué puede esperarse en el corto y mediano plazo
En el corto plazo, la agenda estará marcada por la estabilización de precios internacionales, la ejecución de proyectos de litio ya en marcha y la definición de financiamiento para los grandes proyectos cupríferos. En el mediano plazo, el desafío será diversificar la cadena de valor, reducir la exposición a la volatilidad de commodities y fortalecer la gobernanza ambiental y social.
Si Argentina logra encadenar inversiones con reglas claras e infraestructura, puede pasar de ser un exportador de recursos a un productor de componentes críticos en la transición energética mundial. Si no, el país arriesga perder una ventana que hoy se abrió con fuerza.
Fuentes: El Economista / Economía & Energía
