Los 256 segundos que definieron el Mundial 1986: la Mano de Dios y el Gol del Siglo

El contexto del partido
El relato de los goles a Inglaterra en el Mundial 1986 resume dos acciones que se transformaron en íconos: primero la polémica conocida como "La Mano de Dios" y luego la carrera de 60 metros que quedó como el "Gol del Siglo"; todo sucedió en un lapso de 256 segundos en el Estadio Azteca.
El partido de cuartos de final entre Argentina e Inglaterra, jugado el 22 de junio de 1986, se disputó en un clima cargado por el reciente conflicto de 1982. La tensión se palpó en el estadio, donde la elocuencia deportiva terminó por imponerse sobre la política.
La primera acción: un gol con controversia
Al iniciar el segundo tiempo, un despeje de Steve Hodge provocó una pelota en el área pequeña. Diego Maradona saltó ante el arquero Peter Shilton y, con su mano izquierda, conectó el balón antes que el portero. El árbitro Ali Bennaceur, ubicado de espaldas a la jugada, validó el tanto pese a las protestas inglesas.
La denominación "La Mano de Dios" surgió después del partido en declaraciones del propio Maradona en la zona mixta, donde describió la acción como una picardía. Con el paso del tiempo, la jugada se instaló en la cultura futbolera como ejemplo de polémica arbitral y astucia del jugador.
El Gol del Siglo: técnica y velocidad
Apenas cuatro minutos más tarde, Maradona recibió un pase de Héctor Enrique en campo propio y emprendió una carrera que recorrió aproximadamente 60 metros, eludiendo a cinco rivales. La secuencia combinó control de balón, aceleración y desequilibrio técnico en espacios reducidos.
Los registros técnicos citados en análisis posteriores indican que Maradona alcanzó una velocidad promedio de 14.4 kilómetros por hora durante esa jugada. Los toques cortos y la capacidad para cambiar de ritmo permitieron sortear a futbolistas como Beardsley, Reid, Butcher y Fenwick; al final, elude al arquero Peter Shilton y define con un toque sutil que selló el 2-0 momentáneo.
Narración y legado
La combinación de ambos goles —uno polémico y otro de altísima factura técnica— consolidó la figura de Maradona en ese Mundial. La narración de Víctor Hugo Morales, con frases que se volvieron emblemáticas, ayudó a fijar en la memoria colectiva la dimensión épica del deporte.
Esos 256 segundos consignaron dos caras del fútbol: la picardía y el genio. Para muchos, el gol de carrera es la cumbre técnica del torneo; para otros, el primer tanto recuerda la discusión sobre la legitimidad y el arbitraje en momentos decisivos.
Reconocimientos y repercusiones
Décadas después, protagonistas y analistas reconocen la influencia de Maradona en el destino del partido y del torneo. Gary Lineker, goleador del certamen, y defensores ingleses admitieron la excepcionalidad del segundo tanto, aun dentro del dolor por la derrota.
La pelota usada en aquel encuentro, una Adidas Azteca, se transformó en objeto de colección y fue subastada años más tarde por cifras altas, simbolizando la trascendencia histórica de ese encuentro en la memoria del fútbol mundial.
Por qué pervive la memoria
Más allá del resultado —victoria argentina 2-1 que permitió avanzar a semifinales—, el partido condensó el magnetismo que rodea a Maradona: capacidad de decisión en momentos críticos, control técnico bajo presión y una discusión ética que acompaña al juego. Esas dos jugadas resumieron un fenómeno deportivo que trascendió generaciones y convirtió a México 1986 en el Mundial de consagración del jugador.
Fuente: Perfil
