Sábado, 03 Enero 2026
Autor, crítico y referente del debate televisivo

Pablo Lago: un autor que adelantó la encrucijada de la ficción argentina

Guionista y autor de Lalola, Trátame bien y La leona, Pablo Lago combinó éxitos televisivos con una crítica insistente: la ficción argentina pierde calidad porque no reconoce al autor y eso empuja a la audiencia hacia el cable y las plataformas.
Pablo Lago, autor y guionista, en primer plano
Pablo Lago, autor y guionista, en primer plano

Una voz crítica sobre la ficción argentina y el lugar del autor

Pablo Lago, autor de Lalola, Trátame bien y La leona, sostuvo durante años que la ficción argentina sufre porque se ningunea al autor; esa idea —y la advertencia de que el espectador migraría hacia el cable y el streaming— se volvió central en el debate sobre la producción televisiva. Lago no sólo firmó series populares: fue persistente en poner preguntas incómodas sobre autoría, creatividad y condiciones laborales en la televisión abierta.

De la ficción popular a la discusión pública

El trabajo creativo de Lago combinó éxito comercial y voluntad de debate. Obras como Lalola, Trátame bien y La leona le dieron visibilidad; al mismo tiempo, su actitud pública —con entrevistas, charlas y columnas— lo convirtió en una voz que buscó discutir cómo se produce la ficción en la Argentina y quiénes deciden sobre los contenidos.

Cuando Lago decía que la ficción «es pobre porque se ningunea al autor», apuntaba a varias cuestiones concretas: la precariedad en condiciones laborales de guionistas y creadores, la falta de reconocimiento de la autoría como eje de las series y telenovelas, y modelos de producción que priorizan eficiencias de corto plazo por encima de la innovación narrativa. Esa crítica remite a debates técnicos y también a negociaciones colectivas y contractuales que afectan a la industria audiovisual.

Por qué importa la discusión sobre el autor

En la televisión y en las plataformas, la figura del autor —el creador o showrunner— define tono, coherencia y riesgos narrativos. Cuando el autor está relegado, las propuestas tienden a homogeneizarse: se privilegia producir gran volumen de contenido con fórmulas probadas en vez de promover proyectos originales que demanden tiempo de escritura, desarrollo y ensayos. Esa dinámica explica, en parte, por qué muchos espectadores buscaron alternativas en el cable y en el streaming, donde los formatos y los modelos de financiación ofrecieron, en distintos momentos, mayor margen creativo.

La experiencia de Lago como ejemplo

Que un autor con títulos exitosos como los de Lago impulsara esa crítica lo volvió difícil de soslayar. Su intervención pública funcionó como llamado de atención para productores, canales y organismos vinculados al sector audiovisual: no basta con un elenco atractivo o una trama comercialmente viable; sostener una ficción requiere condiciones en las que la escritura y el desarrollo creativo estén valorizados y protegidos.

Además, su insistencia abrió una conversación sobre roles y responsabilidades: ¿qué parte de la calidad narrativa corresponde a guionistas, a equipos de desarrollo, a productores ejecutivos o a las decisiones editoriales de los canales? El reclamo por mayor reconocimiento del autor también implica discutir contratos, derechos de autor, participación en las ganancias y mecanismos de defensa profesional para quienes escriben y diseńan series.

Contexto actual: cambios en el mercado y en las audiencias

En la última década la industria audiovisual global y la local cambiaron rápidamente: el crecimiento de las plataformas de streaming, la profesionalización de fábricas de contenido y la fragmentación de audiencias generan nuevas oportunidades pero también tensiones. Para muchos creadores, el desafío es lograr proyectos que sobrevivan en un mercado que exige velocidad, volumen y métricas de consumo. La pregunta que planteó Lago sigue vigente: sin una revalorización del autor, ¿cómo sostener ficciones originales y de calidad en la Argentina?

Qué implica revalorizar al autor

Revalorizar al autor no es sólo un gesto simbólico. Implica medidas prácticas: acuerdos contractuales claros, estructuras de trabajo que permitan tiempo de creación y reescritura, reconocimiento de derechos intelectuales, políticas públicas que incentiven el desarrollo de guiones originales y capacitación profesional para equipos de guion. En el plano gremial, también supone fortalecer la representación de guionistas y la negociación colectiva para corregir asimetrías frente a productoras y plataformas.

Legado profesional y cultural

Más allá de las polémicas, el legado de quienes, como Lago, ejercen la crítica desde dentro de la profesión es doble: por un lado, dejan títulos que forman parte de la historia de la televisión argentina; por otro, plantean problemas estructurales que la industria tendrá que resolver si pretende competir internacionalmente desde la originalidad y la calidad narrativa.

El debate que impulsó Lago también funciona como recordatorio para quienes toman decisiones en la industria: la calidad de la ficción depende tanto de talento como de condiciones institucionales para que ese talento pueda desarrollarse. Revertir la tendencia a «ningunear» al autor requiere voluntad de productores, canales, plataformas y, cuando corresponda, políticas públicas que acompañen proyectos de largo plazo.

Conclusión

Las preguntas que planteó Pablo Lago hace años siguen siendo pertinentes. La crisis de autoría que describió no es sólo un diagnóstico cultural: tiene consecuencias económicas, laborales y creativas. Si la ficción argentina quiere recuperar terreno —tanto en la televisión abierta como en plataformas— debe afrontar esas preguntas con políticas concretas que devuelvan centralidad y protección al autor y a los equipos de guion.


Fuente original: La Nación