Por qué cambia el olor corporal en verano y cómo controlarlo sin dañar la piel

Calor, sudor y bacterias: cómo se forma el olor corporal en verano
El olor corporal en verano cambia porque el sudor, la temperatura y la microbiota cutánea crean un ambiente propicio para que ciertas bacterias transformen compuestos del sudor en moléculas volátiles. El sudor en sí es casi inodoro; el mal olor aparece cuando las glándulas apocrinas (axilas, ingle) y la flora bacteriana interactúan en condiciones cálidas y húmedas.
Qué pasa en la piel
El cuerpo tiene dos tipos principales de glándulas sudoríparas: ecrinas, que regulan la temperatura y producen un sudor acuoso, y apocrinas, concentradas en axilas y zona genital, que secretan una mezcla más espesa con lípidos y proteínas. Ese sudor apocrino resulta más atractivo para bacterias que, al metabolizarlo, liberan compuestos responsables del olor corporal característico. En verano, mayor temperatura y humedad aumentan la producción de sudor y la proliferación bacteriana; además influyen el uso de ropa sintética o ajustada, mayor fricción y menor ventilación.
Factores que modifican el olor
- Genética: variantes del gen ABCC11 influyen en la composición del sudor apocrino y en su tendencia a oler.
- Sexo y hormonas: los hombres suelen producir sudor con más lípidos; en las mujeres las variaciones hormonales del ciclo pueden cambiar el olor.
- Alimentación y medicamentos: ajo, cebolla, curry, alcohol y ciertos fármacos pueden alterar el olor al eliminarse por el sudor.
- Higiene y prendas: ropa poco transpirable y lavado insuficiente favorecen la acumulación bacteriana.
Cómo controlar el olor sin dañar la piel
El objetivo es reducir la carga bacteriana manteniendo la barrera cutánea. Evitar agresiones innecesarias suele ser más eficaz que usar productos muy fuertes.
- Higiene suave y regular: ducharse diariamente con limpiadores suaves y pH equilibrado. Evitar fregar en exceso o usar jabones antisépticos a diario, que pueden resecar y alterar la microbiota.
- Secado correcto: secar bien axilas, entrepierna y pies antes de vestirse; la humedad retenida favorece bacterias.
- Desodorantes y antitranspirantes: los desodorantes enmascaran olor; los antitranspirantes (sales de aluminio) reducen la sudoración. Usarlos según tolerancia cutánea y alternarlos si generan irritación. Si hay dermatitis o irritación, suspender y consultar al dermatólogo.
- Ropa adecuada: priorizar fibras naturales o telas con buena transpiración; cambiar ropa ajustada tras actividad física.
- Cuidado de los pies: lavar y secar bien, usar calzado transpirable y cambiar medias diariamente. Los polvos absorbentes pueden ayudar en climas muy húmedos.
- Lavar la ropa correctamente: temperaturas y detergentes adecuados; las prendas deportivas conviennent lavarlas pronto después de usarlas.
- Productos con efecto antibacteriano: en casos puntuales pueden usarse formulaciones con ingredientes como clorhexidina o peróxido de benzoílo bajo indicación médica; no usarlos en forma indiscriminada para no dañar la barrera cutánea.
- Remedios caseros con cautela: el bicarbonato o el vinagre pueden ayudar a neutralizar olores en casos leves, pero no deben usarse de forma agresiva ni prolongada sobre piel con irritación.
Cuándo consultar al médico
Si el olor cambia de forma brusca, es muy intenso, persistente o se acompaña de otros síntomas (erupciones, secreción, fiebre, pérdida de peso, fatiga), conviene consultar. Olores dulzones, afrutados o a pescado pueden asociarse a problemas metabólicos, infecciones o desequilibrios hormonales y requieren evaluación médica, tal como advierte la dermatóloga Carmen Arsuaga Acaso.
En resumen: en verano el olor corporal se intensifica por el aumento del sudor apocrino y la proliferación bacteriana. Controlarlo implica medidas sencillas: higiene adecuada y suave, ropa transpirable, secado correcto y uso prudente de desodorantes o antitranspirantes para reducir la carga bacteriana sin dañar la piel.
Fuente: La Voz
