Reordenamientos y expectativas: el inicio de 2026 para el Gobierno de Milei

Panorama general
El gobierno de Javier Milei encara su tercer año con expectativas puestas en el manejo de la deuda, la estabilidad cambiaria y la baja de la inflación. Ese combo económico condicionará la aprobación social del proyecto oficialista: si el equipo económico logra sortear los vencimientos y contener el dólar mientras la inflación avanza a la baja, la gestión podrá transformar condiciones políticas favorables en resultados concretos para la economía real.
Por qué el tercer año es clave
En la práctica política argentina, el tercer año de un gobierno suele ser el punto en el que se evalúan con mayor crudeza los efectos de las políticas públicas. En este contexto, la reciente aprobación de la Ley de Presupuesto en la Cámara baja —con cambios introducidos por Diputados— marca el cierre de una etapa y el inicio de otra: ahora la discusión se centra en la ejecución fiscal y en si las metas planteadas se traducen en medidas que atenúen la caída de la producción y el empleo.
Deuda, tipo de cambio e inflación: el tablero económico
Los vencimientos de deuda y el comportamiento del dólar serán decisivos para la capacidad del gobierno de sostener expectativas favorables. El equipo económico deberá encarar las obligaciones financieras del Estado y garantizar financiamiento en condiciones que no disparen la inflación ni tensionen las reservas. Al mismo tiempo, la reducción de la inflación es condición para recuperar poder de compra y dinamizar el mercado interno.
Las reformas anunciadas —laboral y tributaria— se plantean como instrumentos para compensar a algunos sectores que resultaron perjudicados por el cambio de modelo. En la práctica, el impacto de esos cambios dependerá de su diseño final, de los plazos de implementación y de las compensaciones que se acuerden con provincias y sectores productivos.
El mapa político: oficialismo, oposición y fuerzas provinciales
El oficialismo llega al arranque de 2026 con una ventaja en imagen política producto del éxito electoral de 2023 y de la reorganización del espacio de centroderecha. Esa situación abre un margen para impulsar reformas, pero no elimina riesgos: una economía que no mejore en lo cotidiano genera resistencias sociales y políticas.
La oposición, por su parte, transita un proceso de reordenamiento tras las últimas elecciones. La fragmentación y la pérdida de poder de convocatoria de algunos espacios dificultan la construcción de una alternativa unificada frente al oficialismo. En este escenario, las fuerzas provinciales operan con lógicas propias: muchas se replegarán a lo local y negociarán con la Casa Rosada en clave de beneficios territoriales.
Qué se juega la ciudadanía
Más allá de las discusiones entre actores políticos, lo que impacta en la vida cotidiana de la gente son las medidas concretas: la evolución del empleo registrado, el acceso a bienes y servicios ante la inflación, la carga impositiva, y la oferta de crédito para empresas y consumo. Las reformas que se impulsen deberán tener mecanismos de compensación para evitar una mayor desigualdad en el corto plazo.
Escenarios posibles
- Si la economía logra ordenarse: estabilización del tipo de cambio, caída gradual de la inflación y cumplimiento de vencimientos de deuda, el gobierno obtendría margen político para profundizar reformas.
- Si no se cumplen las expectativas: tensión cambiaria, inflación sostenida y problemas en la ejecución del presupuesto podrían erosionar la aprobación social y complicar la gobernabilidad.
Actores clave y restricciones
El Ejecutivo cuenta con un bloque legislativo con grado de iniciativa, pero las reformas de gran calado requieren acuerdos con distintas provincias y sectores. Las provincias, muchas de las cuales dependen de transferencias nacionales y de la reactivación de la obra pública, jugarán un rol central en la implementación de políticas que modifiquen la estructura tributaria o laboral.
Cómo mirar los próximos meses
Para seguir la marcha del año conviene prestar atención a varios indicadores y decisiones concretas: la ejecución del Presupuesto aprobado, las licitaciones y obra pública que se reanuden o se congelen, la evolución del mercado cambiario y las decisiones sobre tasas de interés y política monetaria. Además, la reacción de sindicatos, cámaras empresarias y gobernadores ante las reformas será un termómetro político importante.
Conclusión
El inicio de 2026 queda definido por un cruce entre expectativas políticas favorables y desafíos económicos reales. Si el gobierno logra transformar esa situación política en señales económicas tangibles —reducción de la inflación, dólares ordenados y cumplimiento de vencimientos—, podrá consolidar su base de apoyo. Si no, el desgaste por el coste económico recaerá en la capacidad del oficialismo para sostener su proyecto en el tiempo.
Fuente: El Día
