Un siglo de informalidad urbana: cómo los asentamientos marcaron la ciudad latinoamericana

De Boca La Caja a Rocinha: cien años que explican la expansión de la vivienda autoconstruida
La informalidad urbana y la vivienda autoconstruida han sido componentes estructurales del crecimiento de las ciudades latinoamericanas durante más de un siglo. Los asentamientos informales —con distintos nombres en la región— surgieron ante crisis económicas, flujos migratorios y la falta de políticas de vivienda adecuadas, y hoy concentran problemas de pobreza, precariedad y riesgo de desalojo.
Orígenes y primeras oleadas
Los primeros asentamientos documentados en la región datan de finales del siglo XIX y principios del XX. En Río de Janeiro, soldados desmovilizados ocuparon el Morro de Providencia en 1897; a fines de los años 1920 surgió Favela Rocinha; en Buenos Aires apareció Villa 31 en 1932; y en Ciudad de Panamá la toma de 1932 dio lugar a Boca La Caja. Estas ocupaciones tempranas fueron la antesala de oleadas de mayor magnitud que, especialmente desde la década de 1940, transformaron la fisonomía urbana de América Latina.
Dos oleadas que definieron la región
Entre 1940 y las últimas décadas del siglo XX la urbanización impulsada por migraciones internas y la industrialización produjo asentamientos masivos: Barrio Petare (Caracas), Ciudad Nezahualcóyotl (México), Villa 21-24 (Buenos Aires), Ciudad Bolívar (Bogotá), Victoria (Santiago de Chile) y Cantegril (Montevideo), entre otros. Estas expansiones reflejaron la ausencia de vivienda social suficiente y accesible, y la incapacidad de muchos Estados para regular y ofrecer alternativas habitacionales inmediatas.
Formas, nombres y estigmas
La diversidad de nombres —favelas, villas, barriadas de emergencia, cantegril, callampas— expresa distintas historias y contextos, pero comparten rasgos: autoconstrucción, ubicación en suelos marginales (cerros, zonas pantanosas, linderos industriales) y carencia inicial de servicios básicos. Esa condición a menudo se convierte en estigma social, que complica las políticas públicas y la inclusión urbana.
Boca La Caja: caso paradigmático
Boca La Caja, en Ciudad de Panamá, se originó como toma de tierras por familias de pescadores y trabajadores que buscaban acceso a vivienda en la década de 1930. Hoy continúa siendo una comunidad de clase trabajadora rodeada por desarrollos inmobiliarios de alto valor. Una reciente propuesta de zonificación ha generado polémica: los vecinos reclaman permitir usos de alta densidad para mejorar el valor de sus lotes y evitar procesos de expulsión, mientras los planes oficiales plantean usos más restrictivos.
Respuestas estatales: erradicación, regularización e integración
Las políticas aplicadas fueron variadas. Algunas ciudades optaron por erradicaciones y reubicaciones forzosas; otras siguieron caminos de regularización progresiva: reconocimiento legal de la tenencia, provisión de servicios, mejoramiento de infraestructura y construcción de espacios públicos. Ejemplos de integración urbana muestran avances, pero permanecen brechas importantes en acceso a trabajo formal, salud y educación.
La dimensión actual: cifras y riesgos
Según el PNUD, para 2022 el 72% de las personas que viven en áreas urbanas de la región se encuentran en condiciones de pobreza (datos que expresan la vulnerabilidad generalizada en entornos urbanos). Estimaciones recientes sitúan en más de 120 millones la cantidad de habitantes que todavía viven en asentamientos informales o en condiciones precarias. Estas magnitudes subrayan la necesidad de políticas habitacionales sostenidas y de modelos urbanos que reduzcan la expulsión hacia la periferia.
Fuente: PNUD, periodo: 2022
Factores estructurales
La expansión de la informalidad está ligada a causas estructurales: insuficiente oferta de vivienda social, mercados laborales de baja calidad y alta informalidad, desequilibrios territoriales que concentran empleo en ciertos nodos urbanos, y limitaciones fiscales de los gobiernos locales para intervenir con programas de escala. A esto se suma la presión del mercado inmobiliario en zonas de valor alto que acelera procesos de gentrificación y riesgo de desalojo.
Retos y propuestas
Los expertos plantean la necesidad de políticas integradas: combinar mejoramiento in situ con mecanismos de tenencia segura, expandir créditos accesibles para vivienda de interés social, planificar usos de suelo que integren densidad y servicios, y fortalecer la participación comunitaria en decisiones de zonificación. También recomiendan marcos legales que protejan a poblaciones vulnerables frente a procesos especulativos.
Conclusión
Un siglo después de las primeras tomas y asentamientos, la informalidad urbana sigue siendo un desafío central para la región. Resolverlo exige combinar inversión pública sostenida, marcos normativos claros, políticas laborales que reduzcan la informalidad y modelos urbanos que integren y densifiquen sin expulsar. Boca La Caja y otros barrios históricos muestran que la solución no pasa por la invisibilización, sino por reconocer derechos y diseñar estrategias que permitan calidad de vida y dignidad habitacional.
Fuentes: Perfil; PNUD (datos 2022)
