Miércoles, 14 Enero 2026
Encuentro decisivo entre dos figuras culturales

Victoria Ocampo y Rabindranath Tagore: un vínculo de admiración en San Isidro

Rabindranath Tagore, Nobel de 1913, pasó varios meses en las barrancas de San Isidro tras una enfermedad; Victoria Ocampo le gestionó una quinta cercana y forjaron una relación de profunda admiración que ella narró décadas después.
Victoria Ocampo y Rabindranath Tagore en las barrancas de San Isidro (ilustración documental)
Victoria Ocampo y Rabindranath Tagore en las barrancas de San Isidro (ilustración documental)

Encuentro cultural entre Victoria Ocampo y Rabindranath Tagore

Rabindranath Tagore, Victoria Ocampo, San Isidro y el Nobel aparecen entre las claves de una visita que marcó la vida intelectual de la escritora argentina y dejó huella en la escena cultural local.

Hace poco más de un siglo, el poeta, filósofo y artista Rabindranath Tagore —premio Nobel de Literatura en 1913 y el primer escritor no europeo en recibir esa distinción— interrumpió un viaje hacia Perú por una afección respiratoria y permaneció durante varios meses en la zona de San Isidro. La estancia, impulsada por la hospitalidad y la profunda admiración mutua entre el poeta y la joven lectora Victoria Ocampo, se convirtió en un episodio decisivo en la biografía cultural argentina.

Victoria Ocampo tenía entonces 34 años y aún no había fundado la revista Sur ni publicado sus obras principales, pero ya conocía y veneraba la obra de Tagore: diez años antes de ese encuentro ella había leído Gitanjali en traducciones al francés y al inglés, lecturas que describió luego como un punto de inflexión intelectual y espiritual en su vida. Cuando se enteró de que Tagore debía guardar reposo fuera de la ciudad, Ocampo se presentó en el Plaza Hotel acompañada por una amiga y propuso trasladarlo al campo para que se recuperara.

Sus padres no autorizaron recibir al poeta en Villa Ocampo, la quinta familiar que hoy es un sitio histórico; sin embargo Victoria cumplió su promesa consiguiendo otra casa en la zona —la quinta Miralrío, propiedad de su prima Clemencia Sáenz Valiente— ubicada en Punta Chica, en las barrancas del río. El inmueble, de estilo vasco, fue construido por el arquitecto Raúl Pasman junto al ingeniero José Marcó del Pont por iniciativa del historiador Ricardo de Lafuente Machain. Rodeada de añosa arboleda y con un gran balcón con vista al río, Miralrío fue el lugar donde Tagore se instaló con su secretario el 12 de noviembre, pocos días después de su arribo a Buenos Aires; lo que iba a ser un breve descanso se prolongó hasta enero de 1925.

Durante esos meses Victoria visitó al poeta casi a diario. Ella quedaba en la casa familiar; él, en Miralrío. Entre lecturas, paseos, conversaciones y silencios se fue consolidando una relación intensa que muchos han calificado como un amor platónico. En sus cartas Tagore la llamaba “Viyaya” y dejó retratos literarios de las barrancas: “El juego constante de los colores sobre el gran río”, escribió en algún momento. En entrevistas posteriores describió a Victoria como “una persona altamente cultivada, muy leída e informada”, admirando su forma de expresar afecto mediante gestos concretos que, según él, “elevan y enaltecen”.

La experiencia quedó registrada por Victoria Ocampo en Tagore en las barrancas de San Isidro, un libro que escribió por encargo de Krishna Kripalani y publicó en 1961 con motivo del centenario del nacimiento del poeta. En ese testimonio reconstruyó las cartas, las escenas cotidianas y el impacto que la presencia de Tagore tuvo en su vida intelectual. Años después volvieron a cruzarse: en 1930 ella gestionó una muestra de sus pinturas en París. Tagore murió en la India en 1941, a los 80 años; el libro de Ocampo quedó como un homenaje personal y un documento sobre un encuentro cultural entre el sur del mundo y una de las voces más leídas de la India modernista.

Contexto: Victoria Ocampo (1890–1979) fue una figura central de la cultura argentina del siglo XX: editora, mecenas, escritora y fundadora de la revista Sur, portavoz de debates literarios y políticos internacionales. Villa Ocampo, su casa en San Isidro, hoy funciona como centro cultural y conserva testimonios de aquellas visitas. Rabindranath Tagore (1861–1941), además de poeta y dramaturgo, fue pedagogo y pintor; su obra circuló con fuerza en Occidente desde la década de 1910 y contribuyó a tender puentes entre literaturas y culturas disímiles.


Fuente: Clarín